Cuando nos despedimos lo abrazé con todas mis fuerzas, para sentir el calor de su cuerpo contra el mío. Estabámos solos al medio del campo de trigo, los tallos me frotaban las piernas haciéndome unas ligeras cosquillas. Él me atrajó aún más hacía si, y al mismo tiempo yo lo apreté hasta que no pude más. Era tan agradable estar allí, los dos, entrelazados. El abrazo duró una eternidad, pero cuando nos separamos me pareció que solo habían estado unos escasos tres segundos. Entonces cada uno se fue por una banda distinta, el hacía el norte, yo siempre hacía el sur.
NOVEDADES MUSICALES Y OTRAS HISTORIAS :D
Este blog empezó hablando de los últimos estrenos en música pero luego cambié de opinion y trata (en la parte actual) de historias que me parecen interesantes encontradas en Internet.
lunes, 20 de junio de 2011
En un callejón sin salida
No sabía que hacer, no sabía ni siquiera como todo aquello había ocurrido. Lo único que sabía era que me encontraba en un callejón sin salida. No había vuelta atrás. Me había quedado atascada al final de la calle y no podía hacer nada más que esperar a que las cosas se solucionasen. Aquello había ido demasiado lejos, tan lejos que cuando me di cuenta de lo que había hecho ya era demasiado tarde para rectificar. Definitivamente no tenía salida, no tenía una solución.


Sólo quiero encontrar
Al fondo entreveía unas montañas, un monte lleno de árboles, una tierra cubierta de hojas. Pero yo solo pisaba asfalto, y parecía que las montañas se alejaban más de mí a medida que yo avanzaba. En aquella carretera no pasaba ningún coche, y el único Seat que pasó ni se digno en pararse al ver la señal de estop que yo le hacía. Iba caminando, con paso ligero. Al final, a lo lejos ví un pequeño pueblo, y heché a correr hacía allí, sin prestar la menor atención en las piedras que se colaban en las bailarinas blancas que llevaba.
Esperando al sol
Estar tumbada en la hierba fresca de la mañana, contemplar la salida del sol. Empezar a notar los pies y las piernas húmedos debido al rocío que se había acumulado allí durante la noche. Pero no me molesta la humedad. Además, como el sol está ya saliendo, no tardaría en secar la ropa, también mojada. Dejar la cabeza apoyada encima del cojín de briznas de hierba, y cerrar los ojos. Estar así hasta notar el calor abrasador del sol sobre la cara, y solo entonces abrir los ojos para contemplar la maravillosa visión del sol.
Como en un anuncio
Ellos corrían, cogidos de la mano. La arena se les pegaba a los pies, metiéndose en medio de los dedos. Pero ellos seguían corriendo; no importaba que Nabil hubiera venido de Burkina Faso, ni que Carina fuera colombiana, ni siquiera les importaba a ellos que Eira fuera noruega. Eran amigos, les unia una amistad innocente de niños que no se podía destruir. Corriendo de aquella manera, dandose las manos, y con las aquellas anchas sonrisas en la cara, parecían sacados de un anuncio de United Colors of Benetton.
Era una imagen digna de ver, una visión única: unos niños corriendo felices playa abajo, sin desprecio por las razas, inocencia de pequeños.
La arena
Lo buscaba desesperadamente, él tenía que estar aquí. No sabía siquiera porqué lo hacía. Él la había dejado, pero ella quería saber si era verdad, si el argumento que él había utilizado para cortar con ella era cierto, que había realmente otra chica. Ella sabía que él estaría en la playa este fin de semana, pero no lo encontraba, ni en la arena, ni en el mar. Sus cabellos negros como el azabache no destacaban, con tanta gente. Hasta que lo vió. No estaba ni tomando el sol ni bañandose. Estaba sentado en la terraza, tomando un helado de limón. Y ella también estaba. Ver con él aquella rubia, con los ojos verdes, con un estilo perfecto la destrozó. Entonces marchó corriendo, pisando fuerte la arena. Ya no necesitaba ver más.
Sensación de vida
No sentía nada; el ruido del agua chocando violentamente contra las rocas no me dejaba oir nada. Solo escuchaba las gotas de agua salpicando fuertemente. Era fantastico estar allí, con los brazos extendidos, abrazando toda aquella maravilla de la naturaleza. Costaba resistirse al impulso de bañarse junto aquella cascada inmensa. Así que, con shorts y camiseta, apunté la cascada con los dedos, me impulsé hacía arriba, arqueé la espalda y me dejé caer. El agua helada me rodeo por completo, y al salir a la superfície noté que millones de gotas de agua me salpicaban la cara con potencia a la vez.
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