Estar tumbada en la hierba fresca de la mañana, contemplar la salida del sol. Empezar a notar los pies y las piernas húmedos debido al rocío que se había acumulado allí durante la noche. Pero no me molesta la humedad. Además, como el sol está ya saliendo, no tardaría en secar la ropa, también mojada. Dejar la cabeza apoyada encima del cojín de briznas de hierba, y cerrar los ojos. Estar así hasta notar el calor abrasador del sol sobre la cara, y solo entonces abrir los ojos para contemplar la maravillosa visión del sol.

No hay comentarios:
Publicar un comentario