
Paseaba aquel sábado perdida en el tiempo, por aquella plaza desierta, yo sola, dejando que el sol me inundara por completo, de arriba a abajo, desde los dedos de los pies hasta la punta de la nariz, mientras (no me preguntes cómo) olía el calor que se avecinaba, y con el las tormentas de verano, la piscina, las salidas de campo y playa. Pero por el momento, yo estaba allí, dirigiendome hacia ninguna parte, guiñando los ojos por la luz excesiva, y dejando que ésta luz me invadiera y me llenara de felicidad, y empezara a bailar, que es lo que hago los sábados perdidos en el tiempo cuando estoy yo sola en una plaza desierta y el sol me inunda por completo.
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